El
constructor de sueños
JOSU
GARCÍA
«La
arquitectura permite construir sueños y convertirlos
en realidad». Y él lleva más de 50 años modelando
sus anhelos, convirtiendo en posibles las soluciones
que afloran de su imaginación. Richard Rogers
(Florencia, 1933), caballero del Imperio Británico,
autor del parisino museo Pompidou y del Tribunal
de Derechos Humanos de Estrasburgo, uno de los
cinco arquitectos más influeyentes de las últimas
décadas, dejará también su impronta en Bilbao.
Nacido en la ciudad italiana
de Florencia, en el seno de una familia británica,
sus padres tuvieron que regresar a Inglaterra
cuando el pequeño Rogers contaba sólo cinco años.
Corría 1938. España se desangraba y el país transalpino
caminaba hacia al abismo de la II Guerra Mundial,
bajo el yugo implacable de Mussolini.
Pese a ser disléxico, el
futuro arquitecto logró terminar sus estudios
e incluso obtuvo plaza en la prestigiosa universidad
estadounidense de Yale. Y allí cambió su vida.
Con poco más de veinte años conoció a Norman Foster,
otro de los grandes que han dejado huella en Bilbao.
Junto a sus respectivas mujeres formaron un equipo
'Team 4' y comenzaron a dar forma a sus sueños.
Sus primeras obras, esbozos
de modernidad, están marcadas por ideas revolucionarias
que ordenaban el espacio siempre de una forma
funcional, en un mundo que prestaba todavía escasa
atención al ciudadano. Arquitectura al servicio
del hombre. Humanismo puro.
Ése ha sido siempre el faro
que ha guiado a Rogers. Un valor que se reinventa
en cada problema que afronta y también en cada
época. Vivo ejemplo de ello es el centro Pompidou
-probablemente su proyecto más memorable, aunque
lo esbozó con apenas 30 años-. Allí decidió las
entrañas del edificio hacia su fachada para ofrecer
un espacio interior diáfano y digno de una gran
apuesta museística.
Ese valor de funcionalidad
se reinventa ahora para atajar uno de los grandes
problemas actuales de la Humanidad: el cambio
climático. Firme defensor del uso de la bicicleta
como transporte, Rogers ha imprimido un carácter
ecológico a sus últimos trabajos. «Es el gran
desafío del hombre», advierte. |