|
El nuevo techo de Bilbao
JOSÉ MARI REVIEGO
Bilbao apuntala su crecimiento gracias a la construcción de la torre de Abandoibarra, futuro techo arquitectónico del País Vasco con sus 165 metros de altura. El proyecto cobrará forma a partir de este lunes, después de 15 años de maquetas y de múltiples vicisitudes que, incluso, hicieron tambalear su ejecución. Con el sello de Iberdrola, el rascacielos de oficinas está llamado a ser uno de los símbolos del renacimiento del 'botxo' como capital de los servicios, tanto por su diseño como por su vocación empresarial, dirigida a impulsar el sector de los negocios.
Si las previsiones del grupo eléctrico se confirman, el edificio desafiará al vértigo dentro de cinco años, lo que supondrá en la práctica la culminación de las obras de regeneración en esta privilegiada ribera, entre el Guggenheim y el Palacio Euskalduna. Con la colocación el lunes de la primera piedra, comienza a levantarse la pieza que ha sido más difícil de encajar en el puzzle.
Aquí siempre se quiso hacer algo grande. De hecho, la idea del rascacielos ha estado en el mismo origen de Abandoibarra como emblema urbano de Bilbao a principios de los noventa, una zona portuaria todavía conocida como la Campa de los Ingleses -en honor al cementerio británico que funcionó hasta principios del siglo XX-. Sobre las cenizas de la era industrial, los gestores de la ciudad pensaron en algo potente, hermoso, pero distinto al astillero; una, dos y, por qué no, hasta tres torres. Por encargo de Bilbao Ría 2000, cuya gestión ha estado muy ligada al 'obelisco' desde su nacimiento, el reto quedó en manos del arquitecto César Pelli (Tucumán, Argentina, 1926), el experto mundial en rascacielos.
Desde entonces el autor de las torres Petronas de Kuala Lumpur -segundo edificio más alto del mundo con 456 metros de altura- ha conciliado su diseño con la organización global de Abandoibarra, llevándose algún sinsabor que otro, ya olvidados, a cuenta de los cambios en el proyecto. Pelli ha sido el tutor del rascacielos durante todo este tiempo y, a la postre, también su creador. Por eso muchos la conocen como la torre de Pelli.
No sin problemas por el camino. Desde el principio, recién creada Ría 2000 (octubre de 1992), la idea de una única torre emblemática no acababa de convencer a los responsables municipales, al considerar que cobraba un protagonismo excesivo. El debate se realizaba sobre plano porque todavía no existía ni el Guggenheim; esto era un parque de contenedores, una zona industrial en pleno centro neurálgico de la ciudad.
Sobresaltos
Los sobresaltos continuaron. En 2003, cuando todo parecía lanzado para edificar una torre destinada a la Diputación, el Gobierno foral de José Luis Bilbao se retiró por sorpresa de la operación, alegando otras prioridades presupuestarias, más enfocadas a lo social y las carreteras. Acababa la aventura de la torre de la Diputación.
Parecía que Ría 2000 y su presidente, el alcalde, Iñaki Azkuna, se quedaban compuestos y sin novia, pero es entonces cuando surge con fuerza la opción de Iberdrola. Su interés no era nuevo. Desde 1997 había dado muestras públicas de su apuesta por abrir sede en Abandoibarra, retomadas con firmeza tras la renuncia foral. Para llevar a buen puerto esta alternativa ha sido necesario hilar fino, muy fino, con un cambio urbanístico casi 'a la carta' que permitiera a la empresa eléctrica lograr fondos con los que financiar semejante mudanza, sin alterar el equilibrio de Abandoibarra en su conjunto. La empresa reconvertirá así su sede de la calle Gardoqui y su local de control de Urquijo, en el centro de Bilbao. Ya ha vendido éste último a la Fnac, líder en artículos de ocio y cultura. Y la recalificación de los otros dos, aprobada por el Ayuntamiento, le autoriza a construir más de cien pisos en Gardoqui.
240 millones de coste
Nació así la Torre Iberdrola. Según la compañía que preside Ignacio Sánchez Galán, costará cerca de 200 millones de euros -175 el edificio y 22,5 el terreno-. Los dos bloques de viviendas que la flanquean, que forman parte del mismo paquete urbanístico, suman otros 40 millones. En este caso, su construcción se pospone a la edificación del rascacielos para garantizar la seguridad.
El grupo eléctrico no está solo en el viaje a Abandoibarra. Ha formado una Agrupación de Interés Económico en compañía de Promotora Vizcaína, de manera que ambas firmas se reparten a medias la operación y la gestión de las oficinas, que ocupan más de la mitad de las 40 plantas de la torre.
Este es uno de los retos de la empresa: la salida al mercado de tal volumen de superficie terciaria, superior a los 25.000 metros cuadrados, en una ciudad que al año consume como mucho 15.000 metros. Iberdrola se reserva las últimas plantas para su sede, en la que trabajarán 400 personas.
Cuando esté a pleno rendimiento, con toda la superficie ocupada, el rascacielos será el punto de reunión y trabajo para 3.500 personas al día, algo que hará realidad la vieja aspiración de dotar a Abandoibarra de un centro de negocios fuerte. La Torre Iberdrola comienza de verdad a forjarse este lunes, en un acto presidido por el lehendakari, Juan José Ibarretxe, al que asistirán algunos de los protagonistas de esta historia. Salvo el arquitecto, que a sus 80 años mantiene una apretada agenda de trabajo que le impide la visita a Bilbao, acudirán Galán, Azkuna y Bilbao, junto a otras 400 personalidades. A principios de 2011, la ciudad mirará al cielo.
|